Ruta en moto por Girona Interior: entre Bosques y Volcanes

Ruta en moto por Girona Interior: entre Bosques y Volcanes

GUSTAVO CUERVO

En esta ruta descubriremos muchos de los encantos escondidos entre los bosques y las montañas del interior gerundense, siguiendo carreteras muy sinuosas y con muy escaso tráfico.

Los orígenes de la capital provincial de Girona son ibéricos, pues aquí tuvieron su emplazamiento entre la confluencia de los ríos Ter, Oñar, Güell y Galligans. El centro histórico, con la catedral de Santa María, de estilo románico que tiene una imponente aguja gótica, es un conjunto urbano para recorrer con calma.

Entre las referencias ineludibles, la muralla con el portal de Sobreportes, que da acceso a la Plaza de Santa Llúcia, donde se encuentra el monasterio benedictino de Sant Pere, y el Parque de la Devesa, el pulmón verde de la urbe, declarado Jardín Histórico Nacional. En el escudo de la ciudad se lee que es muy noble, muy leal, fidelísima, inmortal y excelentísima ciudad.

El Monasterio de Sant Pere

Comienza la ruta en moto saliendo de la capital rumbo oeste por la N-141 y, a continuación, por la C-63. Empieza un recital de curvas que no dejaremos en todo este viaje por el interior gerundense. La orografía, arrugada a base de montañas y volcanes, está recorrida por sinuosas carreteras que hacen las delicias de cualquier aficionado a los virajes por su variedad y singulares trazados.

Un tramo muy interesante es el que enlaza Susqueda con Manlleu, siguiendo la C-153. Con rumbo norte por la C-17, la carretera es más amplia en busca de Ripoll, donde se sitúa el muy destacado monasterio románico de Santa María, construido en el año 879, que hoy es el centro de la ciudad y uno de los mejores ejemplos de los muchos monasterios que salpican estos territorios. Está considerado como la cuna de Cataluña. Fundado por el conde Guifré el Velloso, fue centro religioso y cultural de primera magnitud bajo el mandato del abad Oliba. Su influencia quedó para siempre escrita en un amplio y majestuoso scriptorium que tuvo una intensa producción literaria, comparable con las mayores y más destacadas abadías del medievo europeo. El poder monástico dominó esta región durante toda la Edad Media; fueron los guardianes de la memoria y la cultura durante siglos hasta la llegada del Renacimiento.

Monasterio de Santa María de Ripoll

Siguiendo con la ruta desde Ripoll hasta el extremo norte provincial, la N-260 es una de las carreteras más míticas de Cataluña. Remonta el afamado puerto de la Collada de Tosas. Largo, estrecho y de curvas enlazadas de todo tipo, ha sido, desde la aparición de las competiciones de motor, una referencia en los rallies de Cataluña. La ruta pasa por la estación de esquí de La Molina y desciende de forma más suave hasta el amplio y precioso valle de la Cerdanya. Es este uno de los valles más pintorescos del Pirineo catalán, salpicado de pueblos con exquisita arquitectura tradicional como Unx. Puigcerdá, en los límites con Francia, es la principal población de la comarca, y muy cerca hay que visitar una singularidad geopolítica: el condado de Llívia. Geográficamente, es un enclave, territorio de un país rodeado por completo por territorio de otra nación. Es el resultado de los tratados de los Pirineos (1659) y Llívia (1660), por los que se repartieron estos paisajes pirenaicos entre España y Francia. Un trozo de Cataluña en Francia que tiene la farmacia más antigua de Europa.

La ruta continúa por Castellar de N’Hug y la Pobla de Lillet, siguiendo las BV-4031 y GI-402, que nos ofrecen muchas, muchas curvas por parajes fantásticos hasta regresar a Ripoll.

Desde aquí vamos a cruzar una región volcánica, la más extensa de la España peninsular, que se adorna, además de con bosques, con magníficos monasterios medievales. Para llegar a Olot hay cuatro alternativas: la rápida o Eje Pirenaico (N-260), la antigua N-260 con menos tráfico y más sinuosa, la aún más estrecha e interesante GI-521 que arranca en Sant Joan de les Abadesses, o la más revirada de todas, que arranca de Sant Pau de Segúries y supera el poco conocido Collado de Capsacosta, un fantástico tramo para disfrutar.

El Parque Natural de la Garrotxa tiene cuarenta volcanes. Los más destacados son Montsacopa, Montolivet y Garrinada, todos merecedores de una detenida visita. No son volcanes al uso, fáciles de ver, pues están cubiertos bajo un profundo tapiz vegetal. El cono volcánico más fácil de ver es el de Santa Margarida, con su ermita en el centro, al que se accede por la bella carretera GI-524 y un corto sendero que hay que realizar a pie.

Más adelante, Castellfollit de la Roca es uno de los mejores lugares para comprobar la naturaleza volcánica de la región. El pueblo se asoma a un precipicio formado por columnas basálticas que se pueden ver muy bien desde la salida del pueblo. Elevada sobre geométricos pilares verticales de 500 metros de anchura y 50 de altura, las casas se asoman al río Fluvià. Esta formación es una clara muestra del origen volcánico de toda la comarca de la Garrotxa, donde las lavas conformaron parajes de insólito atractivo.

Castellfolit de la Roca

Siguiendo la ruta se pasa por Besalú, una de las poblaciones más antiguas de la península. Celtas, íberos, romanos y árabes dejaron su impronta en la villa, y hoy está catalogada como conjunto histórico-artístico. Desde la misma carretera ya sorprende el puente fortificado, Pont Vell, sobre el río Fluvià, que da paso a una ciudad de callejas estrechas puramente medievales con su barrio judío, la sinagoga, callejones y rincones que te transportan al medievo.

Besalú

Casi para finalizar la ruta, se pasa por el lago de Bañolas, el más grande de Cataluña, que muestra muy diferentes paisajes según la estación del año. Azulados inviernos, grisáceas neblinas otoñales, intensos verdes veraniegos y multicolores primaveras ofrecen siempre paisajes de ensueño. Esta lámina de agua es fuente de leyendas de dragones y princesas y también escenario de las pruebas de remo en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Está rodeado en su totalidad por una carretera que descubre rincones encantadores, como la iglesia de Porqueras.

Lago de Bañolas

Finalizamos la ruta en Figueres, la activa capital del Alto Ampurdán. Tiene un notable catálogo monumental, pero lo que destaca sobre todo lo demás y la convierte en cita internacional ineludible es el Museo Dalí. El antiguo Teatro Principal fue transformado bajo la dirección del genial artista catalán y muestra una importante colección de su asombrosa obra. Es la sede de la Fundación Gala Dalí y conserva algunas de las obras más representativas del genial catalán universal.

El Museo Dalí

Esta ruta viaja por montañas tapizadas por espesos bosques que camuflan los conos de los volcanes. Una ruta que, además, nos ofrece exquisitos platos en cada parada. En cualquier pueblo, la amplia y variada cocina gerundense, catalogada entre las mejores de España: embutidos serranos, foie-gras, ahumados, setas, buñuelos de bacalao…, escalivadas de pescado… escudella de pagès, bullabesa de rape, caracoles a la llauna con salsa… Carnes de buey, civet de caza, pato… En cualquier pueblo de esta ruta podrás degustar especialidades locales apreciadas por el paladar de todo gourmet.