Ruta en moto por Guadalajara: La Arquitectura Negra

Ruta en moto por Guadalajara: La Arquitectura Negra

GUSTAVO CUERVO

En las poco conocidas serranías del norte de Guadalajara, hoy vamos a trazar una ruta que enlaza, mediante singulares y reviradas carreteras, un conjunto de pueblos que reciben en conjunto el nombre de la arquitectura negra.

La pizarra negra es el material principal de esas sierras y, por tanto, fue el material de construcción tradicional para levantar las edificaciones de toda la comarca. Pueblos negros de negro tejado y negras, pero también multicolores, paredes debido a la proliferación sobre las pizarras de musgos y líquenes. Sin duda, una de las rutas más sorprendentes para cualquier aficionado a la arquitectura o amante de los pueblos con encanto.

Comienza nuestra ruta en Guadalajara, la capital denominada por los íberos como Arriaca y que tuvo una notable importancia en la Edad Media con los duques del Infantado. A finales del siglo XX y principios del XXI, la ciudad ha visto un crecimiento muy importante con el desarrollo de barrios completos destinados a residencias. Su proximidad con Madrid ha hecho que muchos elijan esta ciudad castellano-manchega como lugar de residencia en lo que algunos denominaron «ciudad dormitorio». En el centro, rodeado de estos barrios residenciales, la ciudad antigua conserva un catálogo monumental en el que destacan el Palacio de los Duques del Infantado (gótico, siglo XV), la Capilla de Luis de Lucena (mudéjar), el Panteón de la Duquesa de Sevillano, las iglesias de Santa María, Santiago, San Nicolás, San Francisco y La Piedad, el Parque de la Concordia, las torres del Alamín y de Álvar Fáñez de Minaya.

El Palacio de los Duques del Infantado

La ruta en moto parte hacia el norte siguiendo la CM-101 por un paisaje predominantemente plano con solo algunas lomas, el típico paisaje alcarreño donde los campos cerealistas mandan y brindan muy diferentes panoramas con cada estación del año. La primera escala es Cogolludo, nombre que le viene de lo apiñado (cogollo) de su antiguo caserío. La Plaza Mayor, con el Palacio de los Duques de Medinaceli del siglo XV, es la principal referencia arquitectónica de esta tranquila villa alcarreña.

La ruta continúa hacia el norte en busca de Atienza, un trazado más entretenido que ofrece una parada en el mirador de la presa de Alcorlo y otra para los apasionados por la historia. El pueblo de Hiendelaencina, apenas un diminuto caserío hasta 1844, cuando se descubrió plata en sus tierras, provocó una auténtica fiebre y el crecimiento de la población, pero pronto se acabaron los recursos y en apenas 70 años se agotaron las menas a principios del siglo XX y el pueblo volvió a sus quehaceres tradicionales agrícolas.

Atienza

Atienza es una población de muy larga historia, pues se calcula que cuatro siglos antes de Cristo ya tenía un asentamiento notable, pero fue en la Edad Media cuando tomó importancia. Su castillo, de emplazamiento dominante y con un entramado urbano amurallado, la hacía una plaza inexpugnable. Es uno de los castillos roqueros más emblemáticos de Castilla, que fue prisión de estado, saqueado durante la invasión napoleónica y está declarado Monumento Nacional. Visto desde fuera, destaca la torre del homenaje elevada sobre el acantilado dominando el pueblo.

Castillo Atienza

El arco de Arrebatacapas, así llamado porque el viento levantaba las capas de los transeúntes, separa sus dos plazas soportaladas más importantes: la de España y la del Trigo. Atienza tiene una fiesta de gran importancia popular declarada de Interés Turístico: La Caballada. Su origen tuvo un suceso histórico como base. Los arrieros de la villa salvaron al rey de Castilla Alfonso VIII cuando era niño, perseguido por los leones infantes de Castro. Dice la leyenda que aquellos arrieros sacaron al niño disfrazado de la población sobre sus caballos, lo que con el tiempo dio origen a la fiesta.

El arco de Arrebatacapas

Tras la siempre interesante visita de Atienza, donde los expertos gastrónomos recomiendan deleitarse en alguno de sus mesones con un típico cabrito asado, la ruta continúa hacia el oeste para entrar en la comarca de la arquitectura negra. Se siguen las carreteras CM-110 y, posteriormente, la GU-213. Este conjunto se compone de una veintena de pequeños pueblos y aldeas llamados pueblos negros debido a que se construyeron con lajas de pizarra.

En el camino, la primera parada recomendable es cerca de Condemios, donde se encuentra la ruta de las estatuas, con la singular pagoda. A continuación, recomendamos seguir hasta Cantalojas. Aquí empieza una pista forestal de tierra bien mantenida hasta Majaelrayo. Es un bonito tramo que atraviesa el Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra. Es necesario registrar tu entrada y, aunque la pista es compacta, no conviene meterse con moto de carretera más que con tiempo seco.

El Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra

Si no quieres pisar tierra y prefieres seguir por asfalto, hay que continuar desde Galve de Sorbe por la CM-1006 hasta Umbralejo y la GU-151 entre Condemios de Abajo y Arroyo de las Fraguas.

Umbralejo, Tamajón y Majaelrayo son algunos de los pueblos de la arquitectura negra que te ofrecen fantásticos entornos para tomar impactantes fotografías, pero lo que destaca en esta zona para los motoristas es el tramo conocido como la Muralla China. Desde Campillo de las Ranas, la GU-194 lleva hasta la llamada Muralla China, un tramo de fuerte pendiente y piso de cemento rayado que cruza el río Jaramilla mediante un trazado de cinco curvas en horquilla.

Muralla China

Continuando esta carretera, se comunica con la Comunidad de Madrid en la ruta de la Sierra Norte. Es este un tramo que, subiendo, pone a prueba los controles de tracción en las motos que lo tienen. Esto se debe a que, al ser piso de cemento rayado, la rueda trasera rebota en ocasiones, lo que hace actuar a los controles de tracción, y lo mismo sucede con los ABS bajando. No es un tramo complicado en exceso, pero sí hay que atacar las curvas de horquilla con decisión, pues quedarse parado en mitad de ellas acaba siempre en caída segura, debido a la fuerte pendiente. Un tramo realmente atractivo y desafiante que muchos se entretienen haciendo varias veces de subida y bajada por pura diversión.

Es esta una ruta que, entera, transcurre solo por la provincia de Guadalajara. Se puede recorrer por tramos o enlazando el último tramo desde Buitrago de Lozoya por Horcajo, Horcajuelo y Montejo, todos apellidados «de la Sierra», y a continuación el Puerto de la Hiruela, permitiendo a los madrileños una escapada de un día llena de curvas y paisajes excepcionales.

En la mayoría de las poblaciones hay rústicos mesones en los que degustar las especialidades tradicionales de la comarca, que no pueden ser otras que las carnes de cordero y cabrito bien aderezadas con las hierbas aromáticas. El llamado “breve” combina tomillo, laurel, ajo, limón, perejil, pimienta, canela y orégano. En otoño, las setas de cardo y los níscalos, y en temporada, los potentes platos de caza mayor, como corzo y jabalí, hacen las delicias de los que gustan de platos poderosos.